CONFLICTO Y MEDIACIÓN

Licda. Ana Hilda Lemus

 

La noción de conflicto es clave a la hora de decidir cómo enfrentarlo, cómo resolverlo. Se ha afirmado que el conflicto es inherente a la interacción humana, es decir que puede presentarse en las diversas áreas y ámbitos en los que se desarrolla la vida cotidiana de los seres humanos sean éstos, individuos, grupos, organizaciones o comunidades.

 

Cuando se habla de conflicto se considera el amplio espectro que surge en la interacción e interrelación humana, va desde situaciones y cuestiones que se elaboran con cierta rapidez y simplicidad, casi sin darse cuenta, hasta situaciones complejas que derivan en complicaciones, antagonismos, llegando a veces a estereotipias, ó rigideces, cuya posibilidad de resolución requiere la consulta o intervención de terceros que aporten elementos o instrumentos eficaces para la superación del conflicto.

 

La resolución de los conflictos se refiere tanto a la superación de los obstáculos que se presentan como a los procesos implicados en los caminos que conducen a la satisfacción de las necesidades: los acuerdos y desacuerdos, los encuentros y desencuentros, las diferencias y los juegos de poder, las coincidencias y los objetivos en común, etc.

 

Hablar sobre la resolución de conflicto conduce a un tema que a través de los años se ha ido perfilando como un mecanismo promisorio: Mediación. La práctica de la mediación se ha ido extendiendo paulatinamente en El Salvador, especialmente en el ámbito de la justicia cuyo exponente más connotado durante más de una década ha sido la Procuraduría General de la República; emergiendo, además, algunas experiencias en el ámbito municipal y comunitario. En el campo de la docencia, han surgido cursos y seminarios formativos sobre el tema en la Escuela de Capacitación Judicial y en el currículo de formación de Licenciados en Ciencias Jurídicas y Trabajo Social de algunas Universidades.

 

La Mediación actúa en conflictos interaccionales y, aunque existen diversos enfoques que fundamentan su práctica, ha resultado de gran beneficio social aquel que permite no sólo el logro de los acuerdos, sino potencia el protagonismo de las partes, y el logro de un aprendizaje mas profundo en que las partes obtienen recursos para aprender a resolver conflictos.

 

Un enfoque de tal naturaleza requiere que el tercero mediador tenga una formación suficiente de las diferentes disciplinas que confluyen en este tema, resultando crucial que el profesional logre: entender el conflicto y los roles que cada protagonista juega dentro de la situación, leer las disonancias entre la conducta y el discurso de las personas, analizar y orientar la comunicación en las relaciones interpersonales, entender las diferencias basada en el género, analizar las necesidades de las partes y los múltiples factores que influyen en su situación y, sobre todo, citando a Gabriela Melano:

 

“Quien pretenda ser un buen profesional de los métodos de Resolución Alterna de Conflictos, debe poder incorporar a su vida cotidiana modos no-violentos de conectarse con el mundo. Y es la coherencia entre su discurso y su modo de vida lo que le otorgará el estado personal necesario para desarrollar destrezas en el Arte de Entender a la Gente”.